Pintar lo que nos rodea


Un guayacán amarillo para el pueblo

¿Cuántas veces te has encontrado, de repente, con un colchón de flores amarillas que caen de algún guayacán? ¿Has jugado a ponerte flores de guayacán en los dedos, a modo de guantecitos?

Ethel Gilmour fue una artista norteamericana que vivió más de treinta años en la ciudad de Medellín. Al entrar en contacto con la cultura antioqueña, se sorprendió con sus paisajes y geografías, sus símbolos religiosos, sus rituales y hasta con su guerra. Y todo ello estuvo presente en sus obras artísticas: pueblitos dentro de cadenas de montañas enormes, flores, animales, vírgenes, cristos, banderas, casas con materas colgando en la fachada, soldados, armas, secuestrados…

La imagen que ves al lado, hace parte de una instalación que realizó la artista en el año 2006 titulada El pueblo y el guayacán, por medio de la cual, Ethel llamó la atención sobre este tipo de árboles, que son comunes en estos territorios, y los llenan con su colorido y belleza.

A imitación de Ethel, quien con su mirada de extranjera supo ver, leer y reconocer esta cultura, tú también puedes rendir homenajes artísticos a todo lo que te rodea. Lo común, lo cotidiano o lo que se repite como una impronta cultural son buenos  pretextos para pintar, crear y expresarse.