Ser como el poeta: percibir el rosa, festejar el agua, sentirse multitud

Un poeta, una obra y tres poemas

Un poema siempre es un buen pretexto para entrar en una comprensión y percepción distinta del mundo. Para verlo a través de los ojos y de las palabras del poeta. Carlos Framb (1964) es un narrador, ensayista y poeta de Sonsón, Antioquia. En su obra poética Antínoo y Un día en el paraíso1 encuentras un conjunto de poemas que hablan, por un lado, de despedidas, de sensualidad, de amor…y, por el otro, celebran la belleza, la profundidad y el asombro ante el cosmos y la Tierra.

Para que te hagas a una idea, aprecia los poemas El rosa, El Tao del agua y Soy una multitud. En el primero, el poeta enumera varios objetos de color rosa que ha visto en algún momento. Después de nombrar objetos, espacios, animales y plantas, la visión se centra en un labio. ¿A qué te lleva esta imagen?

                El rosa

                Del vino, que un dios comparó a su sangre

                Del versátil teflón de los delfines

                Del laurel, que no sabe que hoy es verso

                De un geranio en jardines orientales

                De un vitral olvidado de la infancia

                De una nube en el ángelus de Amalfi

                De la luna entre gasas boreales

                De la tibia franela que me abriga

                De la veta en el mármol de Apolo

                De las franjas nevadas en el Etna

                De las islas de Grecia y de la Acrópolis

                De las tersas arenas en el desierto…

                Es el mismo rosado que hoy he visto

                Temblando sobre un labio de muchacho.

Tao es una palabra de origen chino que puede traducirse, de manera simple, como “el camino”, “la vía”. Observa cómo en El Tao del agua el poeta desea para sí el camino del agua, un camino cuya naturaleza es fluir:

                El Tao del agua

                Ahora que sé al fin lo que es el agua ―cuán preciosa es para el ciclo de la vida su frescura y en cuánta exuberancia alrededor se manifiesta― no es sorpresa que mi               cuerpo la disfrute y sienta hoy a tal punto placentera, que mi ser la honre, que mi voz la cante, que mi espíritu codicie y ame su fraternal virtud por la cual―una, la                   misma y de los diez mil seres huésped― hace suya la forma que la aloja y sin juzgarnos, sin atarnos, nos acoge y nos absuelve en su naturaleza tan sencilla y pura.

                Ojalá que fuera mía la santa y ecuánime generosidad del río, y como él fluir sin un fin más que fluir, sin otra sed que abrevar la ajena sed, sin que nadie se resista y                   cada cual se allane a su natal tersura; fluir siendo a un tiempo camino y de sí mismo fugitivo caminante, naciendo en tenue manantial a cada instante, a cada instante                     desbocándose en supremas e insondables lejanías.

Déjate llevar ahora por la voz del poeta y siente con él que también eres una multitud compuesta de células y seres:

                Soy una multitud

              No menos multitudinaria aun que una galaxia, no menos prófuga ni menos admirable, es la  flotante población de concertadas células que son de mi cuerpo huésped             ―cada una a su vez  un micromundo, cada una equivalente a una estrella―. Al igual que esta espiral exorbitante que  me aloja en los persecs de sus afueras, mi                 unánime yo no es otra cosa que una suma pletórica  de seres ―cada uno de los cuales me habita y no me ve―. Al igual que ella, también yo me  orbito y me renuevo, y               estoy siendo arrollado alrededor de un impetuoso corazón. Por lo demás, una misma es la trama de fuerzas que nos mantiene uno; sólo uno el misterio que nos gana;                 una misma es la constante proporción de profusa tiniebla y distantes esplendores.

                Hecho por igual de fulguraciones y penumbras, soy una multitud logrando la ilusión de un solo ser, de una sola voz, de un solo Cosmos.