Un dar sin mirar que cambia el mundo

 

A veces miras tu vida desde la óptica del reconocimiento, y te das cuenta de que vives en un abundantísimo lugar, sientes tu cuerpo con energía para vivir, en tu mesa no falta el alimento, participas en algún proyecto laboral que te da la oportunidad de saber y hacer con el saber, gozas de un fin de semana, dispones de médicos cuando te enfermas, te sientes acogido entre los tuyos… Y así la vida se te presenta completa, llena, generosa. Pero, cuando miras un poco a tu alrededor, también te das cuenta de que ese mismo día para muchos seres la realidad es otra: a algunos les falta un espacio digno para echar raíces, a otros les falta el alimento, hay quienes no tienen un empleo o que añoran otras condiciones laborales y hay quienes se enferman y no tienen recursos para enfrentar su enfermedad. Así la vida se les presenta un poco angosta y angustiosa. ¿Qué hacer?

Actuar bajo el principio de la solidaridad puede ser una respuesta frente a las condiciones y situaciones de desventaja en las que viven muchas personas. Implica preguntarnos por los otros/las otras y aportar de lo que somos y tenemos para que sus vidas sean tan dignas como las que queremos para nosotros mismos. Según esta  definición “la verdadera solidaridad  es ayudar a alguien sin recibir nada a cambio y sin que nadie se entere. Ser solidario es, en su esencia, ser desinteresado. La solidaridad se mueve sólo por la convicción de justicia e igualdad”.

En el ejercicio de la solidaridad prima el vínculo con otros/otras, la ayuda mutua, la colaboración y el compartir condiciones dignas de vida, de crecimiento, de progreso. ¿En qué momentos de la vida has vivido la solidaridad?